El primer poema que aprendí como tal, conscientemente, me lo enseñó mi madre. A ella le encantaba.
¿Cuántos años habré tenido entonces? ¿Seis o siete, tal vez?
Me pregunto ahora: ¿Cuánto de ello habrá influido en mi amor por la poesía?
Hoy, como quiero cambiar la nota del blog y no tengo tiempo de elaborar algo, se me ocurrió transcribir el poema desde la memoria.
Se trata de un madrigal de Gutierre de Cetina, escrito, creo, en el siglo XVI.
Para Ustedes:
Ojos claros, serenos,
Si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos
Más bellos parecéis a aquel que os mira,
No me miréis con ira,
Porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormento rabiosos!
Ojos claros, serenos,
Ya que así me miráis, miradme al menos.