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Notas Urgentes sobre el 26S
Por: Julio Escalona
Fecha de publicación: 01/12/10
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Hay aportes sustantivos en este debate. Conozco algunos. Vienen de reuniones que se están haciendo en distintas regiones de Venezuela. He recibido algunos de ellos. De Caracas, Miranda, Zulia, Valencia, Barquisimeto, del oriente del país. Otros vienen de reconocidos intelectuales, líderes y militantes revolucionarios. He podido conocer los de José Vicente Rangel, Eleazar Díaz Rangel, Edgardo Lander, Reinaldo Iturriza, Fernando Soto, Esther Macías, Orlando Villalobos, Dafnis Domínguez, Ricaurte Leonett, Francisco Cedeño, Orlando Cristóbal Rendón, Jesús Álvarez, Amenodoro Romero y José Parra. Ahora he redactado un modesto aporte con el deseo de que sea útil. Compartirlo con otros me permitirá comprender mejor los procesos y los hechos que se están desenvolviendo en nuestro país.
Nadie encontrará aquí lecciones acerca de lo que hay que hacer o se deba hacer. Solo una reflexión franca, que no tiene otro interés que participar en el debate y las reflexiones que se vienen desarrollando, de las que he ido aprendiendo.
¿Por qué participamos y estamos en este proceso?
Somos partícipes de las críticas que se hacen sobre la burocratización, los procesos de corrupción, las prácticas clientelares, los procesos que no marchan en función del desarrollo de la democracia participativa y protagónica. Pero somos solidarios y participantes activos de este proceso. Sabemos chuparnos las verdes y trabajar para colectivizar las maduras.
No reconocer los errores es frenar la posibilidad de comprender las raíces de las derrotas que hemos experimentado y por tanto, negarse a trabajar para encontrar soluciones que nos coloquen en un camino de recuperación y consolidación. Hay que seguir la orientación del Presidente Chávez cuando en el teatro Teresa Carreño, hizo un planteamiento autocrítico.
Hay organizaciones que han surgido en medio del proceso de construcción de nuevas formas de participación, de nuevas formas de empoderamiento y han fracasado. La corrupción, el sectarismo, la forma descontrolada y sin el seguimiento apropiado para implementar estas iniciativas; el proporcionar recursos financieros sin la debida fiscalización y control y muchos otros errores, han impedido esos procesos orientados hacia el empoderamiento de la gente. Han afectado la conciencia de lucha y le han abierto campo a las redes que la derecha viene impulsando.
Para respaldar el proceso de cambios no hace falta querer tapar el sol con un dedo. Los procesos de cambio están llenos de intentos fallidos, de fracasos y negaciones. Históricamente así ha sido.
Ahora bien, más de cinco millones de venezolanos no son parte de este proceso porque estén con los ojos cerrados y engañados.
Ha ocurrido y está ocurriendo que un amplio sector del pueblo venezolano ha ido recuperando la dignidad de ser pueblo, de ser venezolano, de ser latinoamericano, de ser humanidad, de estar construyendo futuros.
Al lado de cooperativas y consejos comunales que han fracasado, hay un número significativo de experiencias sobre asociaciones productivas exitosas madurando por el país, de comunidades y comunas desarrollándose y resolviendo problemas concretos, de experiencias educativas formando conciencia, de gente organizándose para garantizar la seguridad no como una solución personal, sino como experiencias de aprendizaje colectivo. Ciertamente hay serios problemas con los hospitales, pero hay comités de salud, redes de apoyo y redes familiares construyendo esperanzas ¿Quién triunfará? ¿La desidia burocrática o las ganas del pueblo? Eso no está claro. Esta es la batalla. Del resultado de esa batalla depende el futuro de este proceso. Nosotros estamos por el triunfo de este proceso.
La cultura como proceso social liberador se ha reanimado y hay centenares de experiencias reviviendo valores ancestrales, valores de pueblo que se va reconociendo como tal. La música resuena y renace con aires y compases liberadores. La danza, el baile, el “templete”, se mueven con sentimientos no culposos por la sensualidad que recorre caminos nuevos plenos de creación.
El pueblo ha aprendido a leer y hay miles y miles de libros recorriendo las escuelas, salas de lectura, barrios y diversos recodos populares.
Los bancos de semillas, los cultivos tradicionales y las prácticas agrícolas ancestrales, como muro de contención frente a los cultivos transgénicos, resisten y se multiplican. Nuestros indígenas resisten y continúan después de más de quinientos años, levantando las banderas de los antiguos dioses de la cosecha, de la lluvia, de la luz, que siguen combatiendo contra la sequía del alma humana. La deuda con ellos no se ha saldado, sin embargo.
Nos vamos sintiendo, cada vez más, orgullosos de ser mestizos, de ser hijos de la mezcla de los colores del arcoiris cuando la luz no sólo se descompone, sino que se recompone en procesos sociales que van pariendo un proyecto de nueva era. El racismo y la exclusión están vivos, pero la lucha está planteada y es posible ganar.
Con orgullo nos vamos reconociendo como parte del mundo africano, caribeño, latinoamericano, asiático y también europeo, en un sagrado proceso de mestizaje que finalmente podría ir materializando la utopía del nuevo mundo, que es la utopía de una nueva cultura, la cultura de la paz, de la fraternidad, de la solidaridad en contra de la guerra y de la globalización neoliberal, madre de todas las formas de violencia que azotan a nuestro dolorido y doliente mundo. Mundo que no renuncia a la fe y a la antigua costumbre, milenaria costumbre, de vivir libres.
Todo esto está pasando en Venezuela con claras conexiones mundiales, con un sentido de pertenencia que se va universalizando. En medio de los errores, de procesos fallidos, de graves circunstancias que podrían enterrar todos estos logros, la esperanza, sin embargo, tercamente ha vuelto a penetrar los intersticios de la sociedad venezolana y desde cerca y lejos, muchos pueblos buscan inspiración en la experiencia venezolana.
Los temas de género se han convertido en elemento constitutivo de este proceso. El empoderamiento de la mujer se viene manifestando como en ningún momento anterior que haya vivido la sociedad venezolana. El machismo no ha desaparecido y nosotros los hombres y también muchas mujeres, seguimos siendo machistas. Pero el camino está abierto y se ha creado una legislación e instituciones que son de las más avanzadas del mundo.
Lo mismo viene ocurriendo con el reconocimiento, incipiente aún, pero en marcha, de la diversidad de géneros y la posibilidad de asumir libremente la sexualidad que se tenga.
Los niños y adolescentes nunca habían tenido tanta protección como la que tienen ahora. Tanto en instituciones que han surgido como en materia de leyes, también de avanzada a nivel mundial.
Son nuevos caminos. Algunos todavía experimentales, pero caminos que señalan nuevos aportes a la democracia, la igualdad y la libertad ¿Será posible? Estamos luchando por eso y para eso.
Nosotros somos críticos de este proceso. No cejaremos en la crítica porque es uno de los mejores aportes que podemos hacer, pero no nos retiraremos de la solidaridad y la defensa a través de la acción como participantes activos en esta revolución.
En esta guerra asimétrica las trincheras están en todas los lugares donde haya pueblo, donde haya naturaleza, donde haya vida. Una de nuestras armas, es la honda de David. Otra es nuestra capacidad para pensar, luchar y crear obras revolucionarias.
Tendencias, fracciones y unidad
El denominador común de lo que he redactado es la búsqueda de la unidad de las corrientes revolucionarias, como parte del proceso de unidad del pueblo. Una cosa son las tendencias o corrientes y otra las fracciones. Estamos en contra de las fracciones. Tradicionalmente ellas han conducido a la división, pues tienden a convertirse en grupos con intereses específicos, incluso de tipo personal. Intereses específicos que suelen colidir con los intereses colectivos. No tenemos otros intereses que los del pueblo “chavista” y del pueblo venezolano en general. Formamos parte de esos más de cinco millones de venezolanos que continúan batallando por un país mejor.
Las tendencias, sus interrelaciones e interacciones pueden ser de una gran riqueza para los procesos de creación y construcción revolucionarias. Las fracciones tienden a petrificar las relaciones y en esas circunstancias, las divergencias pueden convertirse en antagonismos y dejar de ser un intercambio fraterno de experiencias y reflexiones.
Ese pueblo es diverso y dentro de él hay tendencias, que no deben fracturarse, es decir, no deben convertirse en fracciones lideradas por cúpulas que van generando intereses particulares. Al final, esas fracciones pueden terminar compitiendo por los intereses específicos de cada liderazgo, que pueden coincidir o no con los intereses del pueblo. Tampoco estoy proponiendo la formación de un partido u organización única. Las interrelaciones, interdependencias y complementariedades, que tienen como denominador común la solidaridad, es lo que debe caracterizar nuestros procesos de organización y desarrollo de corrientes, en correspondencia con un movimiento diverso, con la frondosidad vegetal de nuestros bosques, grandes ecosistemas unidos por las múltiples interconexiones de la vida.
Hemos dicho pueblo “chavista”. Eso no quiere decir que propiciemos o creamos en la existencia de una confrontación entre el pueblo “chavista” y el no “chavista”. El pueblo es uno solo, que hoy esté fragmentado es una circunstancia que debe ser corregida, superada, pues en ello está implicado el éxito o el fracaso de nuestro proceso de cambios. Por tanto, las distintas corrientes deben tener como denominador común, la unidad del pueblo, la unidad de más o menos el 90% de los venezolanos que no están vinculados a los intereses de la dominación. Por el contrario, son víctimas de ella.
Este ensayo entre algunas de sus conclusiones plantea hacer converger nuestros esfuerzos con todos los que se plantean el fortalecimiento de las corrientes revolucionarias que se mueven en el seno de la experiencia venezolana. Esto supone también que es legítimo fortalecer una corriente revolucionaria en un proceso ecológico de interrelaciones, interdependencias y complementariedades con todos los que transitan por caminos simultáneos (no paralelos), convergiendo en fines y objetivos. Las tendencias o corrientes pueden construir esos procesos ecológicos. Es más difícil que las fracciones puedan hacerlo, porque las fracciones suelen ser entes cerrados que compiten, entre otras cosas, por cuotas de poder. En cambio, el denominador común de las tendencias o corrientes revolucionarias, como ya señalé, es la solidaridad.
El conjunto de esas corrientes revolucionarias deben confluir en ese proceso donde el pueblo se ha ido organizando y se va organizando para transformar su vida cotidiana y haciéndolo, se va transformando a sí mismo, a la sociedad, al mundo, en armonía con la naturaleza y los ecosistemas. Nosotros formamos parte de esas corrientes, porque somos parte de ese pueblo. Por eso, repetimos, nuestro interés es la unidad.
En sentido genérico, el movimiento más ampliamente constituido en el país, es justamente el pueblo “chavista”. Una corriente o tendencia revolucionaria no puede tener otra finalidad, precisamente, que la de contribuir a que el pueblo, todo el pueblo, se constituya en sujeto histórico de cambio. Eso no es posible si se fragmenta. Sobre todo entre “chavistas” y no “chavistas”, mientras la derecha se aprovecha de ese falso conflicto. Además, si las luchas entre los que se denominan “chavistas” conducen a fragmentaciones, a luchas fraccionales, ellas pueden impactar negativamente a los sectores populares y a la marcha del proceso.
El mandato de Bolívar
Si algo expresan los resultados del 26S es que el pueblo venezolano (lo que nos incluye), no sólo está fragmentado, sino que está en un proceso de comprensión de su misión histórica, la que heredamos de nuestro libertador Simón Bolívar, que no es otra que la formación de una fuerza latinoamericana que constituya a este continente en un bastión para la liberación de la humanidad.
La derecha trata de sacar provecho de esta situación intentando exacerbar los sentimientos egoístas existentes en el pueblo para cuestionar las tareas de solidaridad con otros pueblos del mundo, que desarrolla la revolución bolivariana y el Presidente Chávez en particular.
Es esencial recordar la historia de nuestra lucha por la independencia y la solidaridad internacional que recibió, especialmente del pueblo de Haití. Miranda, el precursor, y Bolívar, el Libertador recibieron una desinteresada y decisiva ayuda por parte de ese pueblo.
Creo que no sé está explicando suficientemente la importancia de la solidaridad internacional y cómo ese camino es obligatorio para que los pueblos puedan ser libres y dignos.
A la solidaridad, la derecha la llama “regaladera” de “rial” (dinero), lo que resulta absolutamente falso. Esto tiene que demostrarse y explicarse pacientemente hasta el infinito, pues el discurso de la derecha, fundado en el egoísmo y en las bajas pasiones, tiene audiencia y favorece el pensamiento reaccionario y el falso “nacionalismo”.
También Bolívar se enfrentó a las acusaciones de que valoraba más a otros países que a Venezuela. Se sabe cómo Santander restringía fondos necesarios para la liberación de Perú y la constitución de Bolivia. Ese mismo sentimiento parroquial mezquino, es el que la derecha trata de multiplicar y es un veneno muy peligroso.
La herencia de Bolívar es precisamente el predominio de un liderazgo espiritual, que no desprecia lo material, pues lo material también es sagrado, como sagrado es nuestro cuerpo. Bolívar liberó a sus esclavos, fue renunciando a todas las prebendas y finalmente, murió sin riquezas, con la humildad y desheredad de la gente del pueblo. En esa medida fue multiplicando una herencia espiritual fundada en valores y principios, que inspiran nuestro proceso revolucionario. Ese es el tesoro que nos toca recoger y multiplicar.