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El Eco del Pilón: Memoria, Resistencia y Dignidad Afrovenezolana.

El Eco del Pilón: Memoria, Resistencia y Dignidad Afrovenezolana.

El Eco del Pilón: Memoria, Resistencia y Dignidad Afrovenezolana.

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Intervención de la antropologa Omaira Gutierrez en la Comisión Permanente de Cultura y Recreación de la Asamblea Nacional.

El Eco del Pilón: Memoria, Resistencia y Dignidad Afrovenezolana.
Ciudadanas y ciudadanos diputados de la Comisión Permanente de Cultura y Recreacion de la Asamblea Nacional, Diputaas invitadas e invitados especiales, que hoy nos honran con su presencia en este hemiciclo.

Siento hoy el profundo honor, pero sobre todo la responsabilidad histórica, de alzar la voz en esta tribuna en nombre de una verdad que ha latido en las venas de nuestra patria durante siglos, pero que la historia oficial, escrita desde el privilegio patriarcal y colonial, pretendió condenar al olvido.

Vengo a hablarles de una melodía que es, a la vez, un lamento y un grito de guerra. Vengo a pedir el reconocimiento formal de esta soberana Asamblea para uno de los monumentos orales de resistencia cultural más sublimes, poderosos y vigentes de la República Bolivariana de Venezuela: Los Cantos de Pilón. Y junto a ellos, vengo a solicitar la justicia histórica para las mujeres, en especial las afro-orientales que los han sostenido en su garganta y en su alma, trascendiendo incluso las fronteras de la vida terrenal.

Subestimados a menudo por la mirada colonial como simple "música folclórica" para el entretenimiento, los cantos de pilón son, en realidad, crónicas vivas de la libertad. Y en el corazón de esa resistencia, sosteniendo el mazo y la memoria, ha estado allí siempre la mujer afrodescendiente.

I. *El Pilón: Más que una faena, una trinchera*
Para conocer los orígenes de  la práctica ancestral del canto de pilón, debemos remontarnos a la diáspora africana que hizo posible la presencia  en nuestras tierras del pilón de madera con su mazo donde se trillaba y aun se pila maíz, plátano y demás tubérculos para el sustento diario. La práctica de pilar ha sido un oficio desempeñado históricamente por mujeres, en un espacio de trabajo forzado, extenuante y cotidiano. Allí, en la penumbra de la madrugada, la mujer afro-descendiente y esclavizada doblegaba el grano con la fuerza de sus brazos.

Pero mientras el cuerpo era sometido, el espíritu permanecía indomable. ¿Cómo resistían? Cantando.

El sonido del mazo golpeando el maíz : ¡schá, schá, schá!, se convirtió en el metrónomo de la emancipación. Ese golpe rítmico era el latido de un tambor disimulado, una percusión sagrada que los capataces no podían prohibir porque, después de todo, garantizaba la producción del alimento. Debajo de esa aparente sumisión al trabajo, nuestras ancestras construyeron una trinchera. El canto de pilón no se cantaba solo para aliviar la carga; se cantaba para sobrevivir a ella. Era el espacio donde el cansancio se transformaba en arte y donde el lenguaje se convertía en un código secreto de libertad.

II. *Cantos de llamada y respuesta: La ingeniería de la comunicación afro*
Es fundamental que este cuerpo legislativo comprenda la complejidad cultural y técnica de lo que hoy estamos defendiendo. El canto de pilón no es una repetición monótona de versos fijos. Su estructura es profundamente africana: es un canto de llamadas y respuestas.

En esta dinámica, la creatividad y la improvisación colectiva son el motor fundamental. No se trataba simplemente de emitir sonidos para acompasar el golpe del mazo; se trataba de un canal de comunicación de una agudeza extraordinaria. Una mujer lanzaba una cantica de pilón, improvisando sobre lo que acontecía en su entorno, sobre el abuso, sobre la escasez del hogar, o sobre la esperanza del cimarronaje, y otra mujer desde otro patio, respondía, validando, complementando o expandiendo el mensaje.

Esta capacidad de improvisar en el momento otorgaba a las mujeres una soberanía discursiva absoluta. En un mundo donde se les negaba la palabra, donde el orden colonial les prohibía opinar, el canto de pilón se convertía en su periódico oral, en su asamblea comunitaria, en su espacio de análisis político y social desde la cotidianidad del trabajo. La improvisación era la garantía de que el canto nunca muriera, porque se adaptaba a las necesidades, dolores y victorias de cada día.

III. *El diálogo de la madrugada: Un tejido de patios y almas*
Imaginen por un momento, diputadas y diputados, la geografía de nuestros pueblos afro-sucrenses en el silencio de la madrugada. La faena de pilar el maíz comenzaba mucho antes de que saliera el sol. Cada mujer iniciaba su labor de manera individual, en la soledad de su propio patio, enfrentando un esfuerzo físico que quebrantaba los huesos y desgastaba las manos.

Aparentemente, estaban solas, separadas por las cercas de los fondos de las casas o conucos. Pero en  medio del silencio nocturno, el eco de un mazo golpeando el pilón en un patio despertaba el eco del pilón del patio vecino. Y de pronto, una voz rompía la oscuridad con un canto.

A la distancia, otra mujer que también pilaba, escuchaba la melodía, suspendía  el silencio y respondía desde su propia trinchera de madera. Se establecía entonces una red invisible pero indestructible de comunicación. A través de la madrugada, las mujeres se acompañaban a la distancia; entablaban diálogos cantados donde se contaban sus penas, compartían sus luchas, lloraban a sus muertos o celebraban sus amores.

El canto borraba las distancias físicas. Lo que comenzaba como un acto individual y solitario de opresión o trabajo duro, se transformaba, gracias a la voz extendida, en un canto colectivo reparador.

Fue, y sigue siendo, una medicina social. Las mujeres no solo pilaban maíz; pilaban el cansancio y el dolor para disolverlo. Se sanaban unas a otras a través de la distancia, recordándose mutuamente que, aunque el trabajo fuera precarizado, ninguna estaba sola. El canto colectivo actuaba como un bálsamo reparador del tejido social, una terapia comunitaria donde el cansancio y sufrimiento individual se colectivizaba para transformarse en fuerza comunal.

 

IV. *Guillermina Eloisa Ramírez Cova: Cien años de un faro eterno*
Pero esta resistencia y esta capacidad sanadora del canto no es un concepto abstracto del pasado. Tiene nombres, tiene rostros, tiene raíces y tiene una geografía clara en nuestra amada Venezuela.

Hoy, el Movimiento Cultural Afro Sucrense me ha encomendado la sagrada misión de traer a este hemiciclo el nombre de una mujer que, desde su siembra, sigue siendo un faro de luz inextinguible para nuestra identidad cultural. Hablo de la maestra Guillermina Eloiza Ramírez Cova.

Nacida en la tierra indómita de Cariaco, Guillermina fue una polifacética cultora, partera, sanadora, cantora, bailadora, promotora y organizadora de comparsas y parrandas; una guardiana celosa de la memoria y una de las referentes del canto de pilón en el oriente del país. Su vida fue un apostolado por la cultura popular, un esfuerzo tan monumental que ya en el año 1994, el estado Sucre la reconoció con justicia como Patrimonio Cultural Viviente.

Físicamente partió, dejando un vacío inmenso, pero su voz quedó grabada en la arcilla de nuestra identidad. Y estamos aquí porque el próximo 25 de junio de este año 2026, se conmemora el Centenario de su nacimiento. Cien años de su llegada al mundo; un siglo desde que nació la mujer que encarnó a la perfección esa transición de la que les hablo: de la mujer que heredó el canto interpatio para resistir las secuelas de la exclusión, a la maestra que lo transformó en una herramienta de liberación, sanación y pedagogía para las generaciones del futuro.

V. *El deber de esta Asamblea y una propuesta histórica*
Durante décadas, la cuarta república nos vendió una visión idílica y despolitizada de nuestras tradiciones. Nos enseñaron a ver los cantos de pilón como una postal del pasado, un adorno escolar. Eso es folclorizar, es decir, vaciar el contenido político y el valor comunicativo de la memoria popular. Es olvidar que detrás de ese canto hay cimarronaje, hay redes de apoyo femenino y hay una estructura que mantuvo viva la identidad afro frente al blanqueamiento cultural.

Hoy, en esta comisión de Cultura y Recreacion (AN), que se autoreconoce como popular, pluricultural y multiétnica, tenemos la oportunidad histórica de honrar a quienes ya no están, pero nos sostienen con su legado.

Es por ello que, interpretando el clamor del movimiento afrovenezolano y del Movimiento Cultural Sucrense, de los movimientos de mujeres y de las comunidades de base, solicito formalmente a esta Comisión interceda ante el resto del cuerpo parlamentario de nuestra AN para que se someta a consideración la siguiente propuesta de acuerdo:

*En primer lugar, rendir un homenaje post mortem y reconocimiento nacional a la maestra Guillermina Eloiza Ramírez Cova en el marco de su Centenario de su nacimiento*, reconociéndola como pilar fundamental de la cultura popular del oriente venezolano, y referente de las formas ancestrales de  comunicación popular en nuestras comunidades  afrodescendientes.

Y en segundo lugar, *como el mayor acto de justicia para ella y para todas las cantadoras anónimas que tejieron redes en las madrugadas de nuestra historia, solicitamos que esta Asamblea declare el 25 de junio —fecha de su natalicio— como el Día Nacional de los Cantos de Pilón en Venezuela*.

Establecer este día en el calendario de efemérides de la patria no es un formalismo vacío; es blindar legalmente un espacio para que, cada año, cada escuela, cada comuna y cada institución del Estado debata, preserve y honre el carácter rebelde, dialógico, identitario y reparador de este canto, y el rol de las mujeres afrovenezolanas en nuestra historia.

Conclusión
Estimados legisladores, el mazo del pilón sigue golpeando en la memoria colectiva. Esos cantos de llamadas y respuestas que unían a nuestras mujeres de patio a patio en el siglo XVIII, XIX y XX, es la misma estructura de solidaridad que hoy une a nuestras mujeres en las comunidades para organizar la resistencia cotidiana, para liderar los consejos comunales, para sostener los comités de tierras y para proteger la soberanía alimentaria de la patria.

No podemos defender la soberanía del siglo XXI si no defendemos la soberanía de nuestra memoria y de nuestras redes de cuidado colectivo. Hagamos justicia con nuestras mujeres cantoras del oriente venezolano, las de Sucre, hagamos justicia con la memoria eterna de Guillermina Eloiza Ramírez Cova.

Votemos a favor de la historia, votemos a favor del cimarronaje femenino y de su palabra cantada. Que el eco de esos diálogos de madrugada no se apague, sino que retumbe con la fuerza de las leyes en la República Bolivariana de Venezuela.

¡Honor y gloria eterna a la maestra Guillermina Ramírez Cova!

¡Que vivan las cimarronas de nuestra historia!

¡Que vivan los cantos de pilón, de comunicación y de resistencia!

Muchas gracias,                                          Omaira Gutierrez

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